Corriente teológica cristiana que nace en América Latina en los años 60. Propone que la fe cristiana exige un compromiso activo contra la injusticia social y la opresión económica, siendo la «opción preferencial por los pobres» (entender la salvación también como una liberación de las condiciones de miseria y exclusión) su núcleo fundamental. El padre Gustavo Gutiérrez es considerado el padre de esta corriente, y hay incluso figuras relevantes del movimiento como Óscar Romero que han sido canonizados.
La Iglesia Católica, tras mucha depuración ha acabado aceptando este núcleo como evangélico, aunque se han condenado las formas más extremas o ideologizadas (como las vinculadas a la lucha de clases marxista). Importante entender que, según la encíclica Sollicitudo Rei Socialis (1987) de S. Juan Pablo II, las «estructuras de pecado» son sistemas que se crean a base de muchos pecados individuales y que acaban siendo aparatos anónimos, independientes de la moralidad de las personas involucradas, que están haciendo el mal y que necesitan «ser convertidos».
Posiblemente hoy día muchos católicos vivimos en un enorme pecado de omisión cayendo en un individualismo soteriológico («mi salvación es un asunto exclusivo entre Dios y yo»), despreciando las dificultades materiales de una gran parte de la población mundial y cayendo en cierta «alienación religiosa» (ignorando que el Reino de Dios tenemos que empezar a construirlo AQUÍ y AHORA) que es contraria a la verdadera doctrina católica.