Las Moradas o El castillo interior (1577) es la obra cumbre de la mística española escrita por Santa Teresa de Jesús. Compara el alma humana como un castillo de cristal con siete moradas que el alma recorre, en forma de etapas de crecimiento espiritual, hasta alcanzar la unión con Dios.
Las primeras tres etapas se consideran accesibles por la oración activa, que Teresa compara con una fuente que recibe el agua de muy lejos, traída trabajosamente por diversos conductos. Las cuatro últimas, propias de la oración contemplativa, son más como una fuente ubicada en el mismísimo nacimiento de un manantial.
- Primeras moradas. Los dos primeros capítulos del libro Teresa los dedica al acceso a este castillo y sus primeras «mansiones», que llama también «moradas primeras». La puerta es la oración y sólo se puede entrar en estado de gracia, una vez nos hayamos librado de los pecados, esas «fieras y bestias» que utiliza el demonio contra las almas.
- Segundas moradas. En este capítulo Teresa habla de moradas menos peligrosas que las anteriores, pero de más trabajo… las almas, aunque puedan caer en pecado, están más cerca del Señor y pueden oír mejor su llamada.
- Terceras moradas. En dos capítulos se nos explica que aquí las almas van ganando confianza y, si no retroceden, van por buen camino para llegar al Cielo. La clave es permanecer en humildad, siempre confiadas en la misericordia divina y apartadas del mundo.
- Cuartas moradas. Son tres capítulos donde se habla especialmente de la oración de quietud, que consiste no tanto en pensar mucho como en amar mucho. El alma nota una gran paz interior y felicidad porque Dios está muy presente.
- Quintas moradas. Hay cuatro capítulos hablando de estas moradas, donde empieza a producirse la unión del alma con su Creador. Las almas que llegan hasta aquí, rendidas de amor, no quieren tener voluntad propia, sino la voluntad de Dios.
- Sextas moradas. La santa aborda estas «mansiones» a lo largo de once capítulos. La unión con el Creador se profundiza mucho más. El alma queda herida del amor del Esposo, y pasará mucho tiempo entre durísimos trabajos interiores y exteriores hasta alcanzar la séptima morada, por pura misericordia de Dios, que tan próximo siente.
- Séptimas moradas. En los últimos cuatro capítulos se nos describe cómo el alma recibe por fin la luz interior en su matrimonio espiritual con Dios. Ahora ya sí, se olvida de sí misma, y Cristo vive plenamente en ella.
Algunos proponen asociar las moradas con las potencias del alma de esta manera: las potencias sensibles predominarían fuera del castillo y en la primera morada. En las segundas moradas prevalece la memoria, la imaginación y las pasiones (deseamos experiencias potentes, todavía con mucho egoísmo). En las terceras moradas prima la voluntad (no hacemos lo que nos gusta, sino lo que toca… pero podemos caer en el voluntarismo porque no hay sometimiento al otro). En las cuartas moradas nos guía el entendimiento (la voluntad es del Señor, pero aún hay peligro de apegarnos a los criterios propios, falta desprendernos del amor propio, de la soberbia espiritual y otros lastres espirituales). En quintas, sextas y séptimas moradas las riendas las lleva el Espíritu Santo (ya sin amor propio, vivimos abandonados al Señor).
Más información
- Las Moradas, blog De la Rueca a la Pluma, con enlaces a los capítulos del libro original comentado por el P. Tomás Álvarez