Sexualidad

El fin del matrimonio es hacernos uno… y punto. Y para conseguir esa unión hay que ir acercando nuestros cuerpos, nuestra sensibilidad, nuestro sentir… El abrazo conyugal, ese momento en que los esposos comparten su intimidad sexual, debe vivirse con este propósito de unir personas, siendo el gozo físico y emocional la consecuencia y no los objetivos últimos de ese acto… así como actuando con la dignidad que todo hijo de Dios merece.

Una consecuencia natural -y muy potente- de la unión sexual es la procreación. Una alianza tan fuerte como el matrimonio es inevitable que genere vida… en muchos casos vida humana, como ocurre con la llegada de los hijos. Es algo tan bueno y querido por Dios que, aunque debemos actuar con responsabilidad, no podemos impedir artificialmente que ocurra.

Los métodos naturales se basan en conocer nuestros cuerpos (principalmente el ciclo de fertilidad e infertilidad de la mujer) para ejercer esa responsabilidad a la que estamos llamados, del modo que más respete la vida y la dignidad humanas, y que sea más acorde al Plan de Dios. Regularmente se organizan cursos para dominar estos métodos, incluyendo algunos semipresenciales (con sesiones telemáticas).

Referencias

Se recomienda consultar estos documentos relacionados: