Antropología

Las grandes preguntas sobre el ser humano me resultan fascinantes. ¿En qué consiste ser persona humana? ¿qué cualidades nos distinguen de otros animales, ahora que está tan de moda resaltar la inteligencia animal como mucho más próxima a la de los seres humanos? ¿Qué es la conciencia, qué es la voluntad?

Me interesa mucho la dualidad -que no dualismo- que plantea la filosofía tradicional (como la de Platón) entre alma y cuerpo. En el ámbito natural todos los seres vivos tienen cuerpo y alma, esta última en el sentido de «vitalidad» (alma o vida animal, por ejemplo), pero el hombre tiene un alma de otra naturaleza, una con mayores potencias, como emociones más sofisticadas y sobre todo con entendimiento y voluntad. Debe ser la Verdad alcanzada desde el entendimiento la que gobierne nuestra voluntad, y a su vez el alma humana el que gobierne el cuerpo.

En el plano sobrenatural que plantea la religión estaría, ya según una concepción teológica cristiana, también el espíritu. De hecho en los Evangelios la dualidad se encuentra más bien entre cuerpo y espíritu.

¿Es que acaso alma y espíritu son lo mismo? Es cierto que suelen utilizarse como sinónimos («alma» se aplica más a seres corporales animados, como el hombre, y espíritu más a seres no corporales, como los ángeles), aunque Santo Tomás matizaba y definía como espíritu aquella parte superior del alma humana que nos diferencia de los demás animales (De Anima, 2, 16). De alguna manera esta combinación de filosofía griega con religiosidad judía da lugar a la tricotomía cuerpo, alma y espíritu. San Pablo habla de hecho del soma (cuerpo), psyche (alma) y pneuma (espíritu)… aunque también usa otros términos como carne, mente, conciencia, corazón…

La conciencia y la moral estarían en el espíritu, un plano metafísico a diferencia de los otros, y precisamente este plano estaría llamado en definitiva a gobernar a todo el hombre, su cuerpo y su alma racional, idealmente dejándose mover por el buen espíritu, el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios mismo, en lugar de por otros malos espíritus que también existen.

Durante la Modernidad esa tricotomía se podría expresar como el cuerpo, la mente y su ideas, porque se asume que el espíritu no es más que fruto de la mente humana (meras ideas sobre Dios, lo bueno o malo, justo o injusto, la voluntad y la libertad, etc. que pueden tenerse sin necesidad de que existan realmente salvo como espejismos o consensos subjetivos). Incluso la mente, nuestra vida inteligente y nuestro comportamiento racional, se ve como resultado determinista del cerebro, fruto de la propia evolución, pues este no deja de ser un órgano más del cuerpo, aunque más sofisticado que el de otros animales.