El 31 de octubre se celebra en gran parte de Occidente esta fiesta que tiene el terror fantástico como temática (brujas, fantasmas, zombis, esqueletos…). Al parecer tiene su origen en rituales paganos del norte de Europa que casi desaparecieron con la cristanización de la civilización. En Estados Unidos se fue poniendo en una moda como una excusa más para estimular el comercio y ya en el siglo XXI, con la globalización, empezó a calar en la juventud de las sociedades europeas como la española.
La Iglesia Católica la considera un peligro porque aleja de la adecuada vivencia de la fiesta de Todos los Santos, que es un evento luminoso y no lúgubre, y abre la puerta a la práctica real de brujería y otras prácticas satanistas. Incluso la Asociación Internacional de Exorcistas desaconseja que los creyentes participen y fomenten este tipo de fiestas.