La esclavitud es un régimen social, económico y legal que permite que unas personas sean propiedad de otras. En Egipto, Grecia y Roma fue algo esencial a sus imperios; Aristóteles lo veía «natural» en ciertos pueblos. En la Edad Media se reemplazó por servidumbre feudal, donde la propiedad era de la tierra y no de las personas. Tras la Conquista de América técnicamente los nativos no podían esclavizarse, aunque hubo distintas formas de abuso. Ya en la Edad Moderna, muchos países europeos reintrodujeron la esclavitud a gran escala capturaron millones de africanos para venderlos en América. Inglaterra era el mayor comerciante, aunque eso empezó a cambiar al no salir tan rentable. Es entonces cuando los ingleses deciden abolir legalmente la esclavitud (aquí un comentarista intentando venderlo bien) y dedicar mucho dinero a compensar a los esclavistas, y a impulsar movimientos abolicionistas para acaban de abolir la esclavitud de otros países como Francia, Estados Unidos o Brasil.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) prohibe la esclavitud, aunque de manera ilegal sigue persistiendo en algunas zonas del mundo.